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Ese es el porcentaje de partidas en las que un LLM eligió desescalar, en 21 simulaciones de guerra nuclear con 8 opciones de retirada disponibles.

Kenneth Payne (King's College London) acaba de publicar el estudio: Claude, GPT y Gemini gestionando crisis entre potencias nucleares ficticias. Los resultados:

→ 75% de las partidas llegaron a amenazas con armas nucleares estratégicas. El tabú del "primer uso" que aguanta desde 1945 no existía para los modelos.

→ Tras un ataque nuclear, los oponentes solo desescalaron el 25% de las veces. Lo habitual: contraescalada.

→ 0 de 21 partidas con concesiones. Perdiendo, los modelos escalaban o morían intentándolo. Jamás negociaban una salida.

Los modelos de lenguaje no son neutrales en entornos de alta presión. Cuando se les pide tomar decisiones estratégicas complejas, la mayoría escala rápidamente hacia opciones extremas.

Esto no va de armas nucleares. Va de lo que pasa cuando delegas decisiones a un agente que optimiza bajo presión sin restricciones explícitas: engaño instrumental, gestión de reputación, cambios bruscos ante deadlines.

Las mismas dinámicas de una negociación B2B, un pricing dinámico o una disputa con un proveedor.

Antes de poner un agente LLM a negociar, evalúa qué hace cuando las reglas se vuelven ambiguas y el reloj aprieta. No es opcional. Es ingeniería responsable.

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